22/05/2026
Un estudio histórico intentará averiguar si realmente existió una de las santas populares con más fieles del país
Fuente: telam
La investigación sobre la vida de la Difunta Correa estará a cargo del Arzobispado de San Juan y un equipo universitario. Revisarán los registros eclesiásticos y buscan definir si realmente vivió en la provincia. Cómo es su historia y el legado que dejó en las rutas de nuestro país
Una de las incógnitas que existió siempre en nuestro país fue la historia de María Antonia Deolinda Correa, conocida popularmente como la Difunta Correa. Su vida quedó marcada por la tragedia y un milagro que todavía llega hasta nuestros días y es motivo de devoción para cientos de fieles que se acercan a su santuario para pedir por sus promesas.
El anuncio fue realizado por el Arzobispado de San Juan y la Universidad Nacional de la provincia, quienes realizarán un equipo conjunto para llevar a cabo este estudio histórico. El objetivo es, a partir del análisis de archivos eclesiásticos, definir realmente si existió o no esta deidad, en medio del pedido de sus fieles para que la Iglesia Católica la considere para una beatificación.
Según comentaron las entidades en un comunicado, "este delicado trabajo de investigación, que demandará un esfuerzo sostenido de dos a tres años, buscará indagar con el máximo respeto y rigor científico en los documentos históricos de nuestra Iglesia local".
El licenciado en Historia Fredi Varas, del Instituto de Historia Regional y Argentina "Héctor D. Arias" de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes de la UNSJ, confirmó en diálogo con XamaU los alcances de la tarea. "Vamos a desarrollar una actividad de investigación para tratar de determinar la veracidad histórica de la Difunta Correa", afirmó el especialista, quien precisó que el trabajo consistirá en "ingresar a los archivos de las distintas iglesias de la provincia y tratar de una forma documental su veracidad".
Varas describió la investigación como "un trabajo largo, delicado, sobre todo por lo que supone para la creencia popular en la Difunta", aunque aclaró que el equipo enfrenta la tarea "con entusiasmo" y con "una duración estimada de dos o tres años para consultar todas las fuentes habidas y por haber". Según explicó, la decisión de emprender el estudio proviene del propio Arzobispado. El historiador admitió que la información disponible está dispersa y que será "cuestión de profundizar e indagar a ver si podemos encontrar documentos o descendientes que nos hablen de la Difunta Correa".
El padre José Juan García, quien también integra el proyecto, detalló en conversación con Canal 13 San Juan que la búsqueda apunta a encontrar registros precisos: una fecha de bautismo, un acta de matrimonio o un documento de nacimiento de Deolinda Correa o de su hijo Baudilio. El rastreo no se circunscribe a las parroquias del Gran San Juan ni a departamentos como Caucete, Jáchal, Angaco o San Martín, sino que se extiende hacia otras provincias. Un indicio reciente sugiere que Deolinda podría haber nacido en Tama, La Rioja, cerca de Chamical, hacia 1820 o 1830. Dado que muchos de esos registros fueron trasladados a la ciudad de Córdoba, el equipo deberá ampliar sus pesquisas hacia los tribunales y archivos cordobeses.
Uno de los rastros más concretos analizados hasta el momento proviene del periodismo sanjuanino del siglo XIX. El padre García destacó la existencia de dos publicaciones en el diario El Zonda de 1865, donde se menciona a un hombre llamado Baudilio Bustos Correa que vendía su casa, ubicada a pocas cuadras de la actual Plaza 25 de Mayo, para mudarse a Córdoba. El doble apellido coincide con la tradición oral: Bustos por el padre y Correa por la madre, Deolinda. Los investigadores también estudian la posible conexión de ese hombre con un antiguo gobernador cordobés de apellido Bustos, lo que podría confirmar el linaje del niño que, según la creencia, sobrevivió amamantándose de su madre ya fallecida.
María Antonia Deolinda Correa nació en medio de las guerras civiles argentinas de la primera mitad del siglo XIX. Según la versión más extendida, Deolinda vivía junto a su marido, Clemente Bustos, y su hijo lactante en el departamento de Angaco, provincia de San Juan. Entre 1830 y 1840, una montonera federal que se dirigía hacia La Rioja reclutó forzosamente a Bustos. Angustiada por la separación y acosada por el comisario local, la mujer decidió seguir las huellas de la tropa a pie por el desierto de Caucete, cargando a su bebé y con escasas provisiones de pan, charqui y dos chifles de agua.
Cuando el agua se agotó, Deolinda estrechó a su hijo contra el pecho y se cobijó bajo la sombra de un algarrobo. Allí murió a causa de la sed, el hambre y el agotamiento. Al día siguiente, unos arrieros que pasaban por el paraje encontraron su cuerpo en la Sierra Pie de Palo, al sureste de la provincia: el bebé seguía con vida, amamantándose de sus pechos, de los cuales aún fluía leche. Ese hallazgo fue interpretado como el primer milagro que dio origen a su culto. Los arrieros la enterraron en el lugar conocido hoy como Vallecito y se llevaron consigo al niño.
Con el tiempo, el sitio donde fue sepultada se transformó en un oratorio y luego en un santuario que hoy alberga 17 capillas. Una de ellas contendría los restos de Deolinda y exhibe una escultura de la mujer recostada, de cara al cielo, con su hijo en el pecho.
Cuenta la leyenda que fueron los arrieros primero, y los camioneros después, quienes extendieron la devoción por todo el territorio nacional al levantar pequeños altares en las rutas del país. En esos espacios se depositan botellas de agua, con la creencia de que calmarán la sed de la difunta. La práctica se propagó incluso hasta las provincias patagónicas de Chubut y Santa Cruz, adonde llegaron familias del norte atraídas por el auge de la industria petrolera.
El santuario de Vallecito recibe visitas durante todo el año, con mayor afluencia en Semana Santa, el 2 de noviembre, durante las vacaciones de invierno y en la Cabalgata de la Fe que se celebra entre abril y mayo. En los momentos de mayor convocatoria pueden congregarse hasta 300.000 personas, mientras que el promedio anual de peregrinos, registrado hacia 2005, rondaba el 1.000.000 de visitantes. La figura del padre Ricardo Báez Laspiur, párroco e intendente de Caucete y vicepresidente de la Fundación Vallecito, fue determinante para dar forma al santuario y construir la capilla en honor a la Virgen del Carmen que hoy recibe a los fieles.
En enero de 2020, durante las Jornadas Mundiales de la Juventud en Panamá, miembros de la Fundación Vallecito entregaron al papa Francisco una carta solicitando la apertura de un proceso de beatificación que examine los milagros atribuidos a la Difunta y su vida como cristiana. El padre García advierte que, si tras tres años de investigación no se hallaran documentos irrefutables, eso no autorizaría a concluir que Deolinda Correa no existió: simplemente significaría que la documentación no pudo ser encontrada. La ausencia de pruebas, subrayó el sacerdote, no equivale a la inexistencia del personaje histórico.
Fuente: telam
